viernes, diciembre 04, 2009

si mi cuerpo es una hoguera...

Dime qué más puedo decir
estoy aquí




Sé que te escaparás
nada me queda por decir
tú eres así...

domingo, noviembre 22, 2009

manifiesto bazinga

MANIFIESTO BAZINGA VERSIÓN 406




MANIFIESTO BAZINGA VERSIÓN 412 o BEATNIK SPEARS


lunes, noviembre 16, 2009

'til it breaks

I don't care what other people say
I'm gonna love you anyway
come to me again in the cold cold night




...and I know that you feel it too...

jueves, octubre 22, 2009

no hay un piso que sostenga este cansancio

Ya no existo
no hay reflejo ni rebote
no hay respuesta ni un espejo
para mi voz que sólo es vapor
para mi voz que ahora es silencio

Ya noy rastro de mis sueños, de mis ganas
no hay columna, no hay un piso que sostenga este cansacio
que me hipnotiza
que me está matando

El río que perseguía se ha perdido
los motivos y la razones se han exitinguido
creo que mi cuerpo ya no responde a nada
estoy deshabitado

Ya no hay nadie.
¿Dónde estás? ¿Por qué no te oigo? ¿A dónde fuiste? ¿Por qué huíste?
¿Fue de mí, o te perdiste?
Si fue de mí, ¿yo qué te hice?

El río que perseguía se ha perdido
los motivos y las razones se han extinguido
creo que mi cuerpo ya no responde a nada
estoy deshabitado
estoy deshabitado
estoy deshabitado

jueves, octubre 01, 2009

but I don't know you and I don't need you and I don't want you anymore

all that is left is an empty shell of my heart that is crushed
I don't never wanna see what my mind has seen when you loved me

every night, every night alone with you
every night alone now

when she sits on your lap try to pretend to laugh
when she does stupid things just like I used to do
do no hate her, don't you even try
for to leave her is to love her the same as you and I
I love you
and I miss you too
I really do love you and I really miss you too
but I don't know you
and I don't need you
and I don't want you anymore

every night, every night alone with you
every night alone now


Cat Power - Empty Shell


domingo, septiembre 27, 2009

that's me in the corner. that's me in the spotlight, losing my religion

Trying to keep up with you
and I don't know if I can do it

Oh no I've said too much
I haven't said enough






(but that was just a dream... that was just a dream...)

jueves, septiembre 10, 2009

La atemporalidad de Galileo

[Publicado en la edición 79 de Siglo Nuevo, 27 de junio de 2009]

En medio de la devaluada escena sonora de nuestro país se alza Ensamble Galileo, agrupación que promueve el rescate de la música antigua; imposible calificar de arriesgada su apuesta, pues poseen los elementos para avanzar más que victoriosos por la senda melódica.


*


¿Cuál es el sonido del fuego, más allá del obvio crepitar? ¿Cómo se traduciría en melodía esa danza incesante e impredecible, mezcla de delicadeza y furia, con la que una sola llama ha logrado embelesar al hombre, desde su descubrimiento? Quizá lo más cercano a su encarnación se encuentre en la música antigua, o al menos en la interpretación que de ésta hace Ensamble Galileo, conjunto mexicano que expone con extraordinario virtuosismo los temas de la tradición sefardí, el Renacimiento, el Barroco y el Virreinato.

EL ARTE DE SUBLIMAR LO SENCILLO
Fue a finales de los noventa cuando la cantante y actriz Rita Guerrero tuvo la inquietud de montar un repertorio con la música antigua que ensayaba en sus clases de canto. Así se dio el acercamiento de la soprano con el oboísta Alejandro Tello, el laudista Manuel Mejía y el violonchelista Leonel Pérez, en quienes también latía el entusiasmo por el género. Una vez reunidos los cuatro, armados con pasión e intuición, en 2000 tomaron como estandarte el rítmico nombre de Galileo Galilei, emblemático personaje renacentista, para fundar Ensamble Galileo. Su quinto elemento vendría más adelante con la llegada del percusionista Josafath Larios -si bien por la agrupación han transitado otros ejecutantes, miembros en alguna etapa o como invitados.


En entrevista para Siglo Nuevo, Rita describe a Galileo como “un grupo de música antigua pero con perspectiva contemporánea; no por ello utilizamos instrumentos modernos, al contrario, tratamos de ser apegados a lo tradicional pero no perdemos de vista el tiempo en el que vivimos y nuestra interpretación es contemporánea. No queremos hacer piezas arqueológicas, si esta música ha trascendido siglos es por su belleza y su valor poético”. Y realmente es notoria la apropiación que el Ensamble hace de cada canción, pues más allá de la cuidadosa ejecución -dígase perfecta-, lo que distingue su sonido de otros exponentes del género es el espíritu que el conjunto infunde a cada melodía. A quien los escucha le bastan unos segundos para contagiarse de su vehemencia y notar cómo la fusión de voz e instrumentos se adueñan del torrente sanguíneo, encauzándolo hacia el sentir de pasados pobladores, a sus devociones, tristezas y alegrías cotidianas: gente de épocas menos complejas, pero no por ello carentes de pasión. Galileo retoma ese añejo fervor y convierte anécdotas, alabanzas y hasta el más sencillo arrullo en un sublime huracán sonoro.


PIEZAS DE FUEGO PROPIO
A lo largo de tres años, Ensamble Galileo intercaló su preparación -ensayos, pero también formación autodidacta sobre los orígenes de la música antigua- con presentaciones en diversos escenarios, para luego comenzar a ‘apropiarse’ de las piezas que incluirían en su primer material discográfico titulado Todos los bienes del mundo (2003). El álbum incluye temas del Cancionero Musical de Palacio -manuscrito español del siglo XV al XVI-, del compositor Manuel de Sumaya -exponente del barroco mexicano- y romances del pueblo sefardí -los judíos expulsados de España en 1492, que en su tránsito errante por diversos países enriquecieron la textura de sus composiciones.


Si ya mediante sus conciertos el Ensamble había hechizado adeptos, contar con un disco que equilibra entrega enardecida con pulcritud sonora -combinación que no cualquiera genera con éxito-, contribuyó a que su prestigio y atracción se expandieran. Poco a poco han ido incrementando la audiencia y los seguidores de los ‘galileos’, y aunque al principio hubo muchos que se aproximaron por el ‘gancho’ de Santa Sabina (la voz de Rita y su desenvolvimiento escénico como frontwoman de dicho grupo son toda una leyenda en la historia del rock nacional), una vez que llegaron al universo de Galileo quedaron cautivados por el dominio alquímico del sonido antiguo. Hoy en día, en sus funciones es posible encontrar a gente de las más variadas edades y estratos sociales.

TRASCENDIENDO SIGLOS Y ETIQUETAS
En 2005 Ensamble Galileo regresó a los estudios de grabación de Discos Antídoto, sello independiente bajo el cual también lanzó su primera placa. El resultado de esa segunda incursión es Una pieza de fuego, 12 temas que vinieron a reafirmar la capacidad que estos músicos tienen para hacer suya una escuela llena de dramatismo. Aquí predomina lo tradicional sefardí -la mitad de los tracks-, el área donde el grupo tiene una mayor libertad creativa pues “ahí sólo se marca la melodía de la voz, nosotros hacemos todo el ‘arreglo’ por llamarlo de alguna manera, metemos más de nuestra cosecha. Son versiones muy propias. Un ejemplo es La rosa enflorese, de ese romance se ha hecho una gran cantidad de interpretaciones, pero la del Ensamble es muy distinta a las otras”, comparte Guerrero.


A través de su deslumbrante solvencia sonora, Galileo ha demostrado que no es necesario producir discos a granel para mantenerse en el gusto de su público; es el trabajo en el escenario, el acercamiento que logran con su audiencia y la posibilidad de compartir sus descubrimientos melódicos lo que los fortalece. Así, actualmente planean con tranquilidad su tercer álbum, si bien no tienen aún fecha de grabación. Igualmente, confían en poder llevar muy pronto sus sonidos a otros países.


A nueve años de su nacimiento, el quinteto continúa trabajando con el mismo brío inicial, dando brillo al tesoro melódico de nuestros antepasados, motivado por la oportunidad de difundir la abrumadora belleza de esas armonías que son raíz de las formas de composición actuales. Tal impulso, al ser auténtico, da firmeza a sus pasos y transforma cada una de sus interpretaciones en océanos sonoros, en donde se sumerge gustoso todo aquel que los encuentra. Y es que la fuerza acústica de Galileo comprueba que en la música lo que trasciende es la emoción, más allá del género.


Aunque muchos afirman que ya no queda nada nuevo por hacer en la industria musical, propuestas como la de Ensamble Galileo nos enseñan que otra forma de innovar es reinventar la manera de transmitir las obras existentes, de infundirles vida, de conmover y generar identificación en quien las escucha; ello representa, sin duda, la esencia de crear.

***


Ensamble Galileo en la red:
http://www.ensamblegalileo.com.mx
http://www.myspace.com/ensamblegalileo

Francisco Hernández: la poesía descarnada

[Publicado en la edición 73 de Siglo Nuevo, 4 de abril de 2009]

Para que una obra literaria nos convenza (y se gane un lugar en nuestra memoria) debe lograr que nos identifiquemos con ella, en mayor o menor medida. Que nos sacuda. Y con tanto que ya se ha escrito, los poetas no la tienen tan fácil; pero todavía hay autores que logran cautivarnos desde el primer verso: Francisco Hernández es uno de ellos.

*


Escribo con mano firme: sin vino, un trago de tinta
no es mal substituto.
Escribo: desprecio a la aurora tal como ella me desangra.
Francisco Hernández


Quien escribe busca transformar la emoción en palabras: no quiere formar un esbozo, sino una imagen fiel de la realidad que vive o concibe. Sin embargo, son pocos los que consiguen transformar a las letras en un ser luminoso y a la vez descarnado, capaz de apabullar y al mismo tiempo seducir a quien las enfrenta. Uno de esos alquimistas de la palabra es Francisco Hernández, nacido en San Andrés Tuxtla, Veracruz, en 1946.


Muchos se sorprenden al saber que Hernández no cursó más que hasta la secundaria; no obstante, desde niño es un ávido lector de poesía, siendo sus primeros descubrimientos Juan Ramón Jiménez, Rubén Darío y Salvador Díaz Mirón.


Cuando tenía 18 años, Francisco llegó a radicar a la Ciudad de México, donde pronto se incorporó al mundo de la publicidad (profesión a la que se dedicó por más de 5 lustros) sin descuidar su pasión por la lectura y, claro, la escritura. Octavio Paz, José Emilio Pacheco, Jaime Sabines y José Lezama Lima son algunos de los literatos que impactaron más al veracruzano, convirtiéndose en una influencia para su creación.


ESCRIBIR COMO BAILANDO SOBRE UN RISCO
Francisco Hernández tiene más de 20 títulos publicados y ha sido acreedor a varias de las más importantes distinciones para autores de habla hispana, sin llegar a convertirse en un ‘divo de las letras’; quizá se deba a que se dedica a escribir, no a promocionarse. Y no le faltan lectores: los tirajes de sus libros se agotan, y cuando tiene una presentación el lugar se llena a su máxima capacidad.


¿Cómo definir lo que deslumbra en la poética de Hernández? Quizá el ‘secreto’ radique en que se avoca directamente a la condición humana, hasta llevar todas las emociones al límite. Pareciera que a la hora de escribir, Francisco empujara a las palabras hasta el borde de un barranco, dejándolas apenas sujetarse con los dedos... y a veces pisándolos. La suya es una poesía salvaje, capaz de causar escalofrío en quien la afronta. Algunas personas comparan acertadamente su obra con los impactantes cuadros de Arturo Rivera; en sus textos el miedo se funde con el erotismo, la soledad, el amor y el delirio, en una danza onírica que también pudiera ser el espasmo fruto de una alucinación terrible.


Este coctel de sensaciones -o más bien pasiones- refleja el mundo del poeta, quien ha comentado que la depresión que padece comenzó en su infancia; además muchos años vivió acompañado del alcoholismo. Dichas circunstancias lo volvieron más cercano a las sensibilidades de creadores ‘atormentados’ como Sylvia Plath, César Vallejo, Robert Schumann, Friedrich Hölderlin y Georg Trakl, entre otros, experimentando una empatía que involuntariamente ha dado forma a una de las más brillantes líneas de su poética.

MONEDA DE INFINITAS CARAS
Con Schumann, Hölderlin y Trakl, la conexión de Francisco Hernández fue tal que desarrolló un poemario sobre cada uno de ellos. De los dos primeros escribe, respectivamente, en De cómo Robert Schumann fue vencido por los demonios (1988) y Habla Scardanelli (1992), los cuales al tiempo fueron reunidos en un mismo volumen junto al inédito Cuaderno de Borneo -referente a Trakl- y publicados con el título Moneda de tres caras (1994).


Se trata de uno de sus libros más celebrados por la crítica, por la maestría con la que el veracruzano se ‘mete en la piel’ de los alemanes y el austriaco, al plasmar en verso y prosa poética el transcurrir de sus confusos días. Ignorando la lógica de los calendarios, para el lector resultaría fácil creer que Hernández atestiguó la existencia de Schumann, desde su nacimiento hasta el torbellino de la depresión: El pianista cubre de rosas el teclado. / No le importa el perfume. Lo hace por las espinas.


O que el mismo Hölderlin (Scardanelli era su álter ego) le dictó las visiones surgidas de su locura: ¿Quién es el visitante, / quién me mira de frente en el espejo? / Reconozco el terror de los deslumbramientos. / Reconozco estos versos, mas no el nombre. / Yo soy Scardanelli, no aquel que llaman Hölderlin.


Y también que transcribió un cuaderno en donde Trakl registró su camino, partiendo del incestuoso amor por su hermana, hasta llegar a la sobredosis de cocaína que acabó con su vida: Extraño una calle de Salzburgo donde nunca estuve como extraño un recodo de tu piel donde ya no estaré.


Francisco pinta con sus palabras imágenes que fascinan por su belleza y, simultáneamente, nos remiten a una herida abierta. Y aunque no ha faltado quien vea como facilismo que Hernández ponga voz a otros creadores ‘famosos’ -lo hizo también en Imán para fantasmas (2004)-, a lo largo de la historia muchos escritores han tratado de hacerlo y el resultado es en su mayoría desastroso.

AL RITMO DE LA JARANA
Como buen veracruzano, otra influencia para Francisco Hernández ha sido la de los copleros de su tierra. Tal es su devoción por la rítmica de la jarana que se dio a la tarea de recopilar las creaciones de un viejo repentista jarocho de nombre Mardonio Sinta, quien supuestamente murió de cirrosis, pero en realidad es un heterónimo de Hernández.


Quizá es con Mardonio donde el poeta explora su lado más lúdico y entrega composiciones en apariencia simples, pero sosteniendo su virtud literaria. Aquí da más lugar a la ternura; un ejemplo es lo que escribe al nacimiento de una niña (su nieta): Con cucharita de plata / se sirve la luz del día. / El cielo nubes desata / porque ha nacido Sofía. En otras, no se ausenta el erotismo propio de Hernández: Se nota el amor que nace / bajo tu blusa floreada.


Coplas o poemas, hablen sus textos de vivencias ‘prestadas’ o propias (Mi vida con la perra, su más reciente publicación, habla de su experiencia con la depresión), queda claro que Francisco Hernández es referencia obligada si se habla de literatura de excelsa calidad, más allá de zonas geográficas. Ya lo dijo Carlos Monsiváis en la antología La Poesía: Siglos XIX y XX: “Poesía culterana y vulgar, individualista y gregaria, muy <> o muy <>, coloquial y conceptual. Hernández ejemplifica la fertilidad de estos enfrentamientos y reconciliaciones, la ampliación de la idea de poesía, que conserva sin embargo el fervor por logros irrenunciables y tradiciones siempre necesarias”.


FUENTES: Revista IPN. Ciencia, Arte, Cultura. Archivo de comunicados del Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Chiapas. Periódico de Poesía (UNAM).


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Algunos de los reconocimientos otorgados a Francisco Hernández:


1982 Premio Nacional de Poesía Aguascalientes por Mar de fondo.
1993 Premio Nacional de Poesía Carlos Pellicer para Obra Publicada por Habla Scardanelli.
1996 Premio Xavier Villaurrutia por Moneda de tres caras.
2005 Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines por Diario sin fechas de Charles B. Waite.
2008 Premio Iberoamericano de Poesía Ramón López Velarde por su trayectoria literaria.


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Obra poética publicada:


Gritar es cosa de mudos, 1974.
Portarretratos, 1976.
Textos criminales, 1980.
Mar de fondo, 1982.
Oscura coincidencia, 1986.
De cómo Robert Schumann fue vencido por los demonios, 1988.
En las pupilas del que regresa, 1991.
Habla Scardanelli, 1992.
Coplas de Barlovento (firmado como Mardonio Sinta), 1993.
El infierno es un decir, 1993.
Una roja invasión de hormigas blancas (firmado como Mardonio Sinta),1994.
Moneda de tres caras, 1994.
Poesía reunida, 1996.
Siete puertos, 1996.
Aforismos, 1998.
Antojo de trampa, 1999.
¿Quién me quita lo cantado? (firmado como Mardonio Sinta), 1999.
Las gastadas palabras de siempre, 2001.
Soledad al cubo, 2001.
El corazón y su avispero, 2004.
Imán para fantasmas, 2004.
Palabras más, palabras menos, 2004.
Diario sin fechas de Charles B. Waite, 2006.
Mi vida con la perra, 2007.


Fuente: Diccionario biobibliográfico de escritores de México. Coordinación Nacional de Literatura (CONACULTA-INBA)


***


Con su casco abollado de general prusiano viene mi hijo por la tierra pateando su esperanza, durmiendo sus crespones, volando aves sin alas, adoptando hormigas, eructando canciones, amasando su miedo, naufragando crepúsculos, destripando corceles, violando líquenes, lavando luciferes, cavando su amor viene y yo no tengo nada que decirle:

[F. H.]

***


Mi vida con la perra (fragmento)


Nació conmigo pero no tiene edad:
respira desde hace años bajo las piedras
y cuando lo decide, se incorpora
al curso del torrente sanguíneo.
Durante siglos se le llamó
Melancolía o Bilis negra.
Ahora se le bautiza con nombres de mujer,
sus mandíbulas son más poderosas
y ha hecho del vértigo su principal santuario.

[F. H.]

Santa María del Circo

[Publicado en la edición 59 de Siglo Nuevo, 20 de septiembre de 2008]


Ser escritor en el norte no es sinónimo de narrar sólo historias de narcotráfico y problemas en la frontera. Prueba de ello es la obra de David Toscana, capaz de trascender esas cuestiones geográficas en las que tantos -por decisión o imposición- están encasillados.

*

Tratándose de literatura mexicana, más allá de los títulos famosos -que no por ello leídos- en nuestro país contamos con obras de gran calidad, que muchas veces pasan desapercibidas o al menos no reciben toda la atención que merecen.

Y es que gran parte de las personas que lee por gusto opta por recurrir -en el mejor de los casos- a la producción de las ‘plumas consagradas’(aquellas que además de talento tienen una gran parafernalia mercadotécnica a su alrededor), lo cual por su puesto es válido y generalmente enriquecedor; sin embargo, se descuida la creación de otros talentosos escritores.

Tal es el caso del regiomontano David Toscana (1961), autor que ya tiene en su haber siete títulos publicados: Las bicicletas (1992), Estación Tula (1995), Historias de lontananza (1997), Santa María del Circo (1998), Duelo por Miguel Pruneda (2002), El último lector (2005) y El ejército iluminado (2006). Si bien la obra de este narrador tiene un gran número de adeptos y ha trascendido fronteras, en México todavía son muchos quienes la desconocen.

De sus libros, es precisamente Santa María del Circo el que generalmente introduce a los lectores al mundo de Toscana. Recomendada más de boca en boca que por la crítica nacional, la novela fue publicada por Random House Mondadori (bajo el sello de Plaza y Janés). En 2001 comenzó a circular en En Estados Unidos -traducida como Our Lady of the Circus-, siendo reconocida al año siguiente como uno de los mejores libros latinoamericanos.


EMPIEZA LA FUNCIÓN
Como su título lo indica, la novela gira en torno a un circo, mas no tanto a la carpa y sus funciones como a sus integrantes. Para los miembros del Gran Circo Mantecón Hermanos no es un secreto que sus dueños, don Alejo y don Ernesto, pelean constantemente. La sorpresa viene cuando tras una de sus discusiones el par de viejos decide separarse, no sin antes repartirse las escasas propiedades, los animales y a los propios artistas.


Don Ernesto se marcha sin carpa, pero con las estrellas más aplaudidas del grupo, con los músicos y todos los animales a excepción del cerdo clavadista, el cual se queda con don Alejo junto a los otros siete personajes principales de la historia: Mágala, aprendiz de trapecista sin talento ni trapecio; Hércules, el hombre fuerte cada vez más cercano a la obesidad; Barbarela, la monstruosa mujer barbuda; Balo, el decadente hombre bala; Mandrake, mago que no disimula bien sus trucos; Fléxor, un contorsionista sin mucha flexibilidad; Narcisa, cuya única gracia está a la altura de las caderas; y Natanael, un enano -insignificante entre la gente normal, y sin embargo alto entre los enanos- recién llegado a quien don Alejo aún busca nombre y número artístico.

Aún sospechando que no les tocó el mejor grupo, los cirqueros aceptan su suerte, montan la carpa cerca de una mina abandonada y se disponen a anunciar su espectáculo encaminándose a lo que el mapa señala como Sierra Vieja. Pero al entrar al pueblo lo que encuentran es silencio y apenas un puñado de casas ruinosas; los únicos pobladores parecen ser los zopilotes que ocasionalmente rondan el lugar. La decepción es general; sin embargo, cuando don Alejo da la orden de regresar a la carpa, el resto está decidido a no volver: se adueñarán del pueblo, pues están cansados de andar de aquí para allá, sin tener una dirección a dónde recibir correspondencia, un lugar al cual llamar casa. El anciano se marcha con el cerdo, molesto pero con la certeza de que sus ingratos pupilos volverán muy pronto.

EL DESTINO EN UN SOMBRERO
Los cirqueros rebautizan Sierra Vieja como la Ciudad Metropolitana de Santa María del Circo, nombre que no se sabe quien propone pero es aceptado por unanimidad, así como coinciden en que fundar un pueblo no es sólo ponerle nombre, hay que inventar la historia del lugar. Además, para el progreso de todos es necesario que cada uno tenga un oficio que sea de provecho general; para evitar que sólo haya posiciones privilegiadas, dejarán al azar su profesión. Así, mediante un sorteo de papeles que van sacando del sombrero de Mandrake, se define -inapelablemente- a la población de Santa María del Circo: el enano será el sacerdote; Mágala la periodista, Barbarela el médico, Balo el militar y Narcisa el afilador; sin duda quienes más lamentan su destino son Fléxor, a quien le toca ser el negro -pues todos concuerdan con el mago: No es posible vivir en un lugar donde todos seamos iguales- y Hércules, la nueva puta del pueblo.

Lo que sigue dista de ser gratuito o predecible. Toscana entreteje con gran habilidad una trama que puede etiquetarse como él mismo denominó alguna vez a su estética: “realismo desquiciado”. Los días transcurren en Santa María del Circo y cada personaje, aunque renuente, asume lo mejor que puede el rol que le tocó, mientras enfrentan juntos la falta de agua y alimento. Poco a poco intercambian sus historias, el porqué de su llegada al circo, sus anhelos frustrados, sus esperanzas... A la vez, van dejando al descubierto -más con acciones que con diálogos- su parte más oscura, aquello que los une más allá de su apariencia ‘anormal’, que los enlaza con mayor profundidad que su coincidencia en el Mantecón Hermanos, en una narración que después de todo viene a ser una suerte de analogía con el mundo y sus habitantes.

La codicia, la envidia y la lujuria se mezclan con la ingenuidad y la desgracia, todo aderezado por un fino humor negro capaz de arrancar carcajadas a los lectores, transformados en espectadores de un circo que no necesita carpa para tenerlos a la expectativa de qué pasará. Cada página lleva un redoble. Los volantes promocionales, con dibujos de elefantes y payasos, no anticipan lo que ocurrirá cuando terminen los aplausos.

*

Más sobre David Toscana

-Su obra ha sido traducida al alemán, árabe, griego, inglés, serbio y sueco.
-Participó en el Berliner Künstlerprogramm y el International Writers Program de la Universidad de Iowa (del que también tomaron parte alguna vez Augusto Monterroso, Gustavo Sáinz y José Agustín, entre otros).
-En Monterrey (1998) formó parte del taller literario El Panteón, al que también pertenecieron Eduardo Antonio Parra, Hugo Valdés y Rubén Soto -entre otros; sus nombres aparecen escritos en las bancas de la plaza de Santa María del Circo.

*

Es nuestra obligación conocer el lugar como si aquí hubieran nacido varias generaciones nuestras. [...] Y también necesitamos trabajar en la heráldica del pueblo; se requiere un escudo, tal vez con una guadalupana de bonete en la cuerda floja, impartiendo la bendición a elefantes, leones y caballos, y con palabras en latín que digan panem et circenses.
[D. Toscana, Santa María del Circo]